Quito, 23 de noviembre del 2014

«Henriette, después de haber permanecido 3 o 4 horas delante del Santísimo, el resto de la noche se sentaba en una buhardilla, cuyo tragaluz daba a la calle… Ahí, centinela mientras la pequeña comunidad dormía ella velaba con gran cuidado» (Hilarión L.)
«…¡Felices ellos, si el Señor llega a medianoche o antes del alba y los encuentra así!» (Lc. 12, 35-38)
Mirar a la Buena Madre, tomar su descanso nocturno en una silla, día tras día, nos invita a pensar que ella, en su radicalidad de entrega, miró la silla como el modo de estar despierta de manera intermitente, para aprovechar esa vigilia entrecortada y unirse más al Buen Dios. Seguramente el dormir en una silla no fue para ella un asunto penitencial, sino el modo de permanecer con el Señor las 24 horas.
La Buena Madre, como gran educadora, desde esa silla humilde nos invita, a cada una de nosotras, a prolongar incesantemente nuestro diálogo con el Señor. Su silla es la cátedra donde nos enseña el verdadero amor.
Que la Buena Madre, en éste su día, nos de la fortaleza para entrar, de lleno, en la reconfiguración total de la Congregación con un espíritu humilde y abierto al Espíritu de Dios que nos invita a vivir la radicalidad evangélica.
¡Feliz Día de la Buena Madre!
Fraternalmente,
Lorgia Carrión, ss.cc. y Hnas
Provincia SS.CC. Ecuador